sábado, 21 de abril de 2012

Una Mirada Sistémica al Proceso Electoral

Pues que se me ocurre la loca idea de hacer un proceso de evaluación de escenarios para explorar el proceso electoral específicamente con relación a los candidatos a la presidencia.

La razón de fondo es que no sabía por quien votar y me pareció interesante explorar desde una configuración sistémica. (constelación como la conocen algunos).

Quienes hemos visto como esta herramienta posibilita que emerja información valiosa del sistema podemos encontrar interesante el ejercicio.

Estos fueron los resultados.

Quienes quieran ver las imágenes en un formato más fácil de lectura, seguro ya lo saben, yo lo acabo de descubrir, pueden hacer click en cada imagen y las tendrán en mejor tamaño.













domingo, 1 de abril de 2012

Lo tomo al precio que ha costado



Llevo tres días reflexionando acerca del contenido de esta entrada.

De inicio era más desde mi propia necesidad de agradecer lo que he vivido a lo largo de estas dos semanas. Era más una forma de honrar a las personas con quienes lo he vivido.

Y poco a poco se ha ido ampliando de ser un espacio de gratitud a ser también un espacio de reflexión sobre la vida, sobre la grandeza del sistema mayor, sus extraños caminos y la posibilidad de tomar o no, al precio que nos lo ofrece, los regalos que nos da.

En los últimos tres años el País Vasco y su gente se han convertido en un espacio de la tierra profundamente significativo en mi vida y mi corazón. Ahí hay hoy personas tan entrañables para mí, como mi propia familia; personas a quienes aprecio y quiero y con quienes siento un vinculo que va mucho más allá de lo comercial; gente que me ha enseñado como se transforma el dolor de la guerra en una vida de contribución, gente que me ha enseñado a través del día a día de colaboración, de estructuras para organizaciones no estructuradas, del permiso de pelear cuando se necesita, pero también de la profunda humildad y grandeza que se requiere para reconocer cuando se ha estado equivocado o perdido, gente que con su fuerza de vida me ha enseñado de la vida.

Sus tierras hablan de su historia... Cuando estuve en Guernica, no pude dejar de sentir un profundo respeto por su muerte y su vida, pero sobre todo admiración, no es la energía de la muerte o el dolor lo que se respira ahí como en muchos otros lugares donde ha habido eventos dolorosos, es la energía de la resiliencia, es el aire de la fuerza de vida, es el espíritu de quien mira "pa'lante", de quien honra su historia a partir de la reconstrucción.

Cuando estuve en Portugalete y el viejo pueblo de los pescadores, casi podía sentir caminando a mi lado, por esa vereda cuesta arriba con sus canastos de pescados, a los muchos hombres y mujeres trabajadores que dieron vida a las generaciones actuales.

Para mí su transformación es impresionante, pasó de ser un puerto industrial a lo que es hoy... Una de las más bellas ciudades del mundo, con sus siete calles del Casco Viejo y su Ría, el mejor metro del mundo en diseño y limpieza y su arquitectura y parques en los que es una delicia caminar.

Siempre que he ido al País Vasco he disfrutado mi estancia… me gusta la gente, me gusta la comida, me gusta el vino, me gustan los horizontes, me gustan las conversaciones, me gustan los grupos, me gusta estar ahí.

Y estas dos semanas particularmente fueron algo muy especial, fueron algo como un antes y un después, no sé bien de qué aún, pero lo siento y con ello el alma llena de fuerza y gratitud.

Gracias María por invitarme, por acompañarnos a lo largo de estos tres años en descubrirnos como profesionales, como personas, como mujeres, como amigas… Gracias por la humanidad con que nos vinculamos y por lo “divino” del vínculo a través de ella. Gracias por posibilitar todo lo que ha venido a mi vida a través de ti. Gracias por tu amor, lealtad y profundo compromiso con Fundación EDE, sin él quizás yo no habría llegado a aportar. He aprendido mucho de ti, he crecido mucho en honor a ti… ¡¡¡GRACIAS!!!... También gracias a Sergio, Mayalen y Libe por compartirte y compartir conmigo.

Gracias Asier por el mundo que abres a mis ojos, corazón y mente siempre que tengo contacto contigo. Este último surco neuronal que posibilitaste ha sido verdaderamente un mundo nuevo que quien sabe hacia que nuevos y extraordinarios lugares me llevará. Gracias por abrirme tu casa, por permitirme compartir con Maren y Martín, por lo rico que me cocinas siempre, por las charlas de amigos… Gracias a Bego por el tiempo compartido, fue tan rica y tan profunda para mí la charla sobre corporalidad. Gracias.

Gracias a Asier e Itzi, por su amor, por su amistad, por sus almas y corazones, por el tiempo compartido con Izai e Ilargi, por comer juntos, por conversar, por compartir el corazón, por ser parte de mí y permitirme ser parte de ustedes. Gracias Asier por enseñarme la fluidez de un proceso con alguien que honra el sistema mayor. Gracias Itzi por compartir el tiempo y el corazón, por tener un proyecto juntas… ¡Me encanta!

Gracias Ander, por como bien lo llamaste nuestro tiempo de calidad, por la charla de la cena, por el día compartido, por los aprendizajes mutuos, porque siempre que estamos juntos aportamos algo el uno al otro. Por lo que te aprendo… ¡Gracias!

Gracias a Elda, Pedro, Marian, Itziar, Iñigo, Roberto, Cecilio por permitirme acompañarles y facilitar con ustedes y/o sus equipos, por lo que a través de ello aprendo, crezco, integro.

Gracias a todas las personas que amo y con quienes disfruté por momentos... Borja, Txinita, Eva, María, Conchi, Gorka, Jaime, Carlos, Iodia, Marian, Nice, Ricardo, etc., etc., etc.

Gracias a cada persona que asistió a alguno de los talleres organizados por Fundación EDE a través de María.

Gracias a Virginia por haber compartido tan amorosamente conmigo el taller de Clown y Constelaciones. Es casi “magia” lo que se va co-creando con estos dos enfoques. Te honro en tu sabiduría profunda y tu amor por los excluidos del sistema.

Y no dejo de mirar el enjambre de situaciones que la vida conjuntó para posibilitar esto. Mi encuentro con Bilbao inició hace 24 años cuando comencé a estudiar sistemas y es impresionante la cantidad de personas, situaciones y conjunciones que tuvieron que darse para llegar a esta cita, que como diría Maturana (parafraseado): “la hicimos desde mucho antes de llegar incluso a este mundo”.

A todo ello, a lo que vino, a lo que se fue, a lo que fue lindo y a lo que no fue tan lindo gracias por la oportunidad de haber llegado a este Espacio/Tiempo/Personas que amo tanto… y particularmente a los últimos dos elementos que de manera directa lo posibilitaron.

A Christine Blumenstein. Aún recuerdo mi conversación con ella cuando nos encontramos en Holanda, en casa de Jan Jacob, y yo expresaba mi dolor ante su enfermedad y la culpa que sentía de haber aceptado el módulo que originalmente era de ella, y cuan amorosa fue en su respuesta diciendo, fui muy feliz de que lo tomaras tú. Hoy sé que tengo su bendición y me siento profundamente feliz de que un tiempo después ella también llegó por las maravillosas tierras vascas y de que está plena de salud. Es una mujer a quien amo, respeto, admiro y quiero profundamente. Mi gratitud hacia ella, su generosidad, amor y la gran oportunidad que me regaló.

La otra, es un ser humano a quien alguna vez valoré, a quien alguna vez sin conocerlo le abrí una oportunidad que él quería y conociéndole le ofrecí otra por cariño y respeto. Hoy nuestros caminos se han separado, he decidido distanciarme porque me doy cuenta cuan diferentes son nuestros marcos de relación, cuán lejos estamos de compartir una visión, cuánta distancia hay en aquello a lo que damos valor. Y en esta distancia no quiero dejar de agradecer el regalo que me hizo al acercarme a María y este mundo al que tanto amo. A ti te digo… Gracias, tomo el regalo al precio que costó y lo demás lo dejo contigo.

Y así me percato que la vida no es perfecta, que tiene sus costos, sus dolores, sus tristezas, sus acomodos, y también sus goces, sus alegrías, sus dulzuras, y en esa imperfección, y en ese contraste de matices, emociones y realidades es al mismo tiempo perfecta, simple y llanamente perfecta.

La opción que tenemos es tomar lo que nos da honrando sus caminos y forma o pelearnos con ella tratando de doblegarla a nuestras formas, deseos… Hoy elijo tomar sus regalos de la forma y al precio en que los da y honrarlos con humildad a través de vivir en plenitud.

Gracias a este pequeño pedacito de tierra y su gente, a María, por esta gran lección de vida… Los honro y los amo!!!

domingo, 25 de marzo de 2012

De Placeres Sencillos



Uno de los regalos más grandes de la vida es aquello que yo llamo “pequeños placeres olvidados”. A mis ojos nos permiten recordar lo bella que es la vida, lo bien que hace disfrutarla, el gozo que da estar presente, la plenitud que siente el alma y el corazón cuando tomamos la vida.

Si bien para cada uno serán diferentes algunos, todos tenemos la oportunidad de hacer cosas sencillas que nos reconectan con el gusto de vivir, con el disfrute de estar en la vida, con la sencillez que tiene la vida misma y también con la profundidad de vivir sintiéndola.

Pues he aquí mi lista de pequeños “regalos para el alma”.

1. Un baño de tina. No saben el tiempo que hacía que no me metía en una tina de agua tibia, simplemente a disfrutar de la sensación de flotar en el agua. Muchos comparan este pequeño placer con el regreso al útero materno. Esta sensación de nadar en líquido amniótico sin preocuparse por nada más que sentir. Varias veces en esta semana me di este espacio y la paz que me fue generando poco a poco fue algo muy rico.

2. Caminar como turista. Esto de caminar como turista tiene su gracia. Es caminar no con el paso loco que andamos todo el tiempo sin mirar nada, no, es caminar mirando, admirando, viendo, redescubriendo lo que hay, es dejarse sorprender por lo que venden en la pequeña tienda de alimentos, o por los dulces exóticos que no habías visto antes en la dulcería, o por el piano que está a media calle en el cual todos pueden sentarse a tocar y tomarte unos minutos para escuchar al anciano que toca divinamente.

3. Disfrutar una tienda de tu interés. En estos días pasé embobada en una tienda especializada en arte. Recorrer cada pasillo y ver la cantidad de cosas bellas que hay para pintar, los diferentes tipos de pinturas, técnicas, materiales, las mil cosas que no tengo ni idea de para qué sirven pero que son bellísimas, es un regalo de conexión con algo que puede apasionarnos.

4. Pintar. Puede ser que lo hagan como un experto o como yo, como aprendiz de kínder, no importa, reconectarse con la parte artística que tiene tu vida es bellísimo. La expresión de lo que uno siente a través de colores creo que es uno de los procesos terapéuticos más enriquecedores. Y no hablo de pinturas tipo Monet, Matisse, Picasso o Rembrandt, hablo de la expresión casi infantil de mi, de lo que siento, de lo que deseo expresar en este preciso instante a través del color y la forma o no forma que surja, esa es la mejor pintura porque es la expresión de uno mismo.

5. Danzar. Hace mucho, mucho tiempo que no me permitía danzar. Y no hablo de bailar como cuando lo hacemos en una fiesta. Sinceramente sigo siendo algo neófita en esa clase de baile. Cuando hablo de danzar, es simplemente poner una música que te guste y dejar que tu cuerpo vibre, se mueva, resuene y exprese la música, déjate llevar por los movimientos que surjan, no es bailar con alguien más, es bailar contigo, con tu ritmo, con tu propia libertad de moverte simplemente.

6. Escribir. Una vez más no se trata necesariamente de una novela, escribir lo que sientes, lo que piensas, lo que te duele, lo que sueñas, lo que te gustaría, lo que es posible a tus ojos y lo que no lo es, es uno de los placeres de reconexión mas deliciosos que hay. Poder leerse a sí mismo y sorprenderse de las cosas que uno escribe, recriminarse un poco por ¿cómo se me ocurrió escribir esto? Pasar a la comprensión absoluta y luego a la reflexión o simplemente quedarse en la indulgencia con uno mismo es un regalo. Porque no es para compartir con nadie más que contigo.

7. Mirar gente. Busca un lugar donde haya mucha gente, una plaza, un parque, una calle comercial y siéntate en una banca donde puedas mirar. Y observa que te dice la gente, quien a tus ojos está triste, contenta, enojado, enamorada, conectado, desconectada, quien usa algo que tú tienes, quién usa algo que nunca usarías; después de un par de horas de hacer esto puedes sentirte realmente parte del mundo y tener la convicción extraordinaria de que no eres ni el peor, ni el mejor; ni el más loco, ni el menos loco; sólo parte de la humanidad.

8. Abrazarte a ti mismo(a). ¿Qué te gusta sentir? ¿piojito? ¿churritos en el cabello? ¿un ligero roce de arriba/abajo en los brazos? ¿un roce en la mejilla? Si bien es súper rico un externo que pueda hacernos esas sutiles caricias que nos gustan. El hecho de poder darnos a nosotros mismos lo que nos gusta da una sensación de reconexión muy profunda. Así que una sesión de auto-piojito puede recordar que estamos con nosotros mismos y podemos cuidarnos bien.

9. Descansar. Hace muchísimo tiempo, como 20 años, en uno de los primeros libros que leí sobre prosperidad, había una propuesta que tardé casi diez años en poder instrumentar, y era quedarse todo un día en la cama. Entiendo que el autor decía algo así como que las personas que no podemos darnos un tiempo de descanso, no podemos ser prósperas, porque en el fondo no creemos que merecemos más del corre/corre cotidiano. Bueno, pasar un día en la cama, leyendo, durmiendo a ratos, despertándote, encendiendo el televisor, volviendo a dormir, jugando algo en tu gadget preferido, llorando o no haciendo nada, es decir pasar un día de ocio, puede recordarte que eres tan valioso(a) que hasta te mereces un día de total descanso.

10. Meditar. Este sencillo ejercicio de respirar, de hacerte consciente de tu respiración, de no pelearte con nada que pase en tu mente, sólo recuperar el foco en tu respiración, es uno de los más sencillos y gozosos placeres de reconexión. Estudios miles sobres los beneficios que tiene, yo sólo quiero compartir uno por ahora, te permite re-encontrarte con tu esencia y ahí es donde está tu vida.

11. Estar un tiempo con la naturaleza. Salir a caminar al campo, a la montaña, al río, a algún lugar donde puedas re-conectarte con la naturaleza puede hacerte recordar que la vida es más grande tú y yo, y que ahí está y nosotros con ella.

12. Pasar tiempo con un animal. Últimamente he estado pasando mucho tiempo con caballos. Y me siento profundamente agradecida de lo que puedo aprender de mí a través de ellos. Ya contaré más adelante una experiencia reciente que fue bellísima. Por ahora el tema es que los animales tienen un instinto de vida que a veces hemos perdido, olvidado o guardado en el cajón y permanecer cerca de ellos nos puede acompañar a reconectar con nuestra esencia más biológica.

13. Mirar una película. Sentarse simplemente a disfrutar una película de tu gusto y reírte a carcajadas, llorar con la protagonista, soñar con el protagonista, contener la respiración ante el suspenso, lo que sea, mientras te guste el género, la historia, los actores, el contenido, es un tiempo para estar contigo y tus emociones.

14. Escuchar música. Quedarte un tiempo simplemente escuchando aquellas canciones, artistas de tu gusto, de tu preferencia es otro de los simples placeres que podemos compartir y que nos reconectan con el ritmo de la vida.

15. Cocinar. Darte el permiso de entrar a tu cocina, seleccionar los ingredientes, hacer algo rico a tu gusto, a tu forma, con tu sazón… Es un regalo delicioso y sibarita que nos recuerda que vivimos en un mundo que nos provee de todo aquello que necesitamos para alimentarnos, en el más amplio sentido nutritivo de la expresión.

16. Leer un libro. Este es uno de mis preferidos. En cualquier momento alguien puede regalarte un libro, puedes comprarlo (hay muchos de bajo precio), puedes hacerte socio de una biblioteca y ahora en muchos paises hay programas de intercambio de libros gratuitos. A veces los libros me gustan más que las películas, en ellos, el audio, el video, el color, la tecnología de imagen la creas tú en tu mente al ir leyendo. Es una delicia.

17. Conversar con un amigo(a). Creo que este es uno de los más reconfortantes. Sentarte en un parque, restaurante, café, bar, sillón a conversar con alguien que quieres, que te quiere, es compartir uno de los más profundos regalos de la vida... saber que estamos conectados, que somos parte de un todo mayor, que no estamos solos, que estamos acompañados.

Gracias por estos y otros placeres extraordinarios de la vida :)

martes, 20 de marzo de 2012

Soledad o Solitud



¿Alguna vez te has sentido sólo o sola? ¿Me refiero a esta soledad que puede sentirse aún en medio de una multitud de personas, en medio de una reunión de amigos, o incluso en medio de una cena familiar? Esta soledad en la que parece que realmente no hay nadie alrededor, aún rodeado de amigos, familiares o gente.

Es una sensación que puede vivirse como muy real y generar estados emocionales no muy placenteros. De hecho puede parecer tan real, que podemos creer verdaderamente que no tenemos una conexión con nada de lo que está a nuestro alrededor.

Muchos la han llamado la Enfermedad del Siglo XXI, por la cantidad de personas que podemos sentir esto. Y es curioso que en este mundo de redes sociales y tecnología que posibilita que “todos” estemos “comunicados” con “todos”, la gente sufra de soledad.

Pues así me sentía yo en las últimas semanas. Terriblemente sola. A pesar de tener mucho trabajo y contacto con gente. A pesar de estar rodeada de una familia amorosa, de amigos cercanos: simplemente sola.

Y lo que hice fue darme un espacio de soledad. Sé que resulta un poco paradójico, pero en este caso me refiero esa soledad que uno se plantea para estar con uno mismo, a esa soledad que uno posibilita para tener un espacio de reflexión, que para diferenciarla me gustaría llamarla solitud.

Pues bien, me di un espacio de solitud para mi soledad. Y lo que encontré es que una parte importante de mi soledad venía de perder el contacto con lo más primario de mí: yo misma.

De repente estoy tan envuelta en los vínculos, en el trabajo, en las relaciones, que olvido la relación esencial, que olvido a esa persona que si vive conmigo todo el tiempo, a ese ser que si me acompaña mañana, tarde y noche.

Descubrí que a veces lo trato con poca cortesía y en muchas ocasiones con poco cuidado, también me di cuenta que muchas otras veces simplemente no me miro, me ignoro y que en ocasiones me exijo mucho, tanto que termino agotada de mi misma… y entonces surge la soledad. Porque si pierdo la conexión básica conmigo, también pierdo la conexión con los demás.

Así que estos días de re-encuentro con la mujer que vive dentro de mí; con lo que piensa, sueña, desea, necesita, siente, percibe, cree, se cuestiona; han sido el mejor remedio para mi soledad.

Y si le adiciono un par de ejercicios de reconexión con mi historia, con su fuerza, con todos mis ancestros, lindos y no lindos, que fueron capaces más allá de sus vidas e historias de traspasar la vida, dotándome genéticamente de su conocimiento y fuerza… comienzo a estar en un estado de completud, de reconexión con la vida, de inicio con mi propia vida y desde ahí de reconexión con la vida de los otros con quienes comparto esta realidad.

Claridad de Blogs



Hasta hoy he compartido este blog a través de Ludoteca Sistémica (www.ludotecasistemica.com), pero he decidido separarlos.

Dejaré Ludoteca Sistémica como un blog orientado a temas organizacionales, de desarrollo profesional y sobre todo de aplicaciones prácticas del enfoque sistémico y reflexiones en ese marco.

Este blog se quedará como mi blog personal. Mis reflexiones de la vida, de lo que siento, de lo que experimento, obviamente también a través de una mirada sistémica, pero mucho más en la mira de mi propia experiencia personal.

Así que mi invitación es:

Cuando quieras compartir conmigo más desde mi experiencia personal te acerques a este espacio... www.kdelrivero.blogspot.com

Cuando quieran encontrar reflexiones más en el marco de la organización, el trabajo, la profesión te acerques al espacio de Ludoteca Sistémica... www.ludotecasistemica.com

Y sería un verdadero honor compartir ambos espacios contigo.

Un abrazo y muy buen día, tarde o noche... lo que sea que haya en este momento en que compartimos este tiempo espacio de lecura.

jueves, 23 de febrero de 2012

De Palmitos e Integración



Ustedes no están para saberlo, ni yo para contarlo... pero hace muchíiiiiiiiiiiiiiiiiisimo tiempo me enamoré loca y apasionadamente de un tico.

Sucede que ambos éramos estudiantes de una escuela de filosofía hermética, y en medio de escenarios naturales de ensueño, viajes entre países con gente bellísima y el cobijo del Maestro Principal vivimos un romance de película.

Todo era como la historia de amor perfecta hasta que descubrí que el buen hombre me ponía el cuerno con cuanta mujer hermosa (y todas las mujeres tenemos algo hermoso en algún lugar) existía.

Así que con toda mi indignación posible, una incómoda atmósfera (escuela pequeña, infierno grande) y muchas lágrimas, terminé la relación.

Junto con el fin de la relación, vino el fin de mi gusto por los palmitos. Verán, el susodicho pertenecía a una de las familias productora de palmito en este país, y cada vez que yo veía que alguien compraba un frasco de dicha marca me lo recordaba, así que desarrollé una aversión interesante por este vegetal.

Aunque por muchos años, en razón de mi vínculo con la escuela y el maestro principal (quién fue como un abuelo para mí y me enseñó lo mejor que sé acerca del Desarrollo Humano) regresé cantidad de veces a Costa Rica después de ese episodio; aunque desde esa época en promedio he estado un par de veces por año en este hermoso país, aunque muchísimos años después (alrededor de quince) me senté a tomar café con el hombre y a reírnos de aquel suceso, no había vuelto a comer palmitos… hasta hoy.

Hoy tuve día libre y aunque me invitaron a irme de tour, decidí quedarme a disfrutar del hotel y a trabajar en correos pendientes, por lo tanto comí en el restaurante del lugar un delicioso plato típico vegetariano.

El plato típico vegetariano trae arroz, frijoles, maduro (plátano macho) y vegetales… si, imaginan bien, palmito entre otros. Y cuando menos me di cuenta me los estaba saboreando delicioso como si jamás les hubiese tomado aversión.

Y entonces comiendo, sonreí… sonreí amplia y maravillosamente.

Porque me di cuenta que esa etapa está realmente integrada.

Los ciclos tienen varias etapas de cierre, sobre todo cuando son dolorosos.

• Cuando la relación se termina, cualquiera sea la razón (esta etapa puede ser dolorosa, con llanto, con enojo)

• Cuando el evento se acepta (puede ser que aún duela un poco, pero ya no estás peleando con eso, ya no lastima)

• Cuando se agradece (puedes mirar la experiencia como parte de tu vida y hasta valorar los aprendizajes que te ha dejado, el dolor ha desaparecido)

• Cuando finalmente se integra (un buen día, particularmente creo que no hay mucho que hacer para que esta etapa llegue excepto fluir con las anteriores y seguir con la vida, te das cuenta que aquello no es más que una parte de la historia, sin nada más; y entonces nada relacionado con ello tiene un impacto en ti, excepto el aprendizaje obtenido a un precio justo y válido).

A veces uno se percata pronto de esta integración, a veces muchos años después; pero cuando se da, creo que se da en cadena, es decir, uno no sólo se da cuenta cuanto ha integrado un evento, sino cuantos eventos se han acomodado con ese.

Recordemos que la vida es sistémica, y que no hay nada que no esté relacionado.

Así que hoy… ¡Vivan los palmitos! ¡La salsa Lizano! ¡ET con su famosísima frase “ET Phone Home”! y este bellísimo lugar en medio del verde costarricense que me han dado uno de los días más lindo y amorosos de este año, uno de los días de más paz conmigo desde la muerte de Fer y de mayor certeza de estar recuperando claramente mi corazón, mi centro, mi vida en plenitud.

domingo, 12 de febrero de 2012

De Exclusión e Inclusión



A las personas nos encanta excluir.

Excluimos lo que no nos gusta y a veces hasta lo que nos gusta.

Excluimos si se viste "feo", si habla diferente a como yo creo que debe ser, si piensa como no estoy de acuerdo, si hace lo que creo que no debe hacer, si me confronta, si no cubre mis requisitos, si no está a "mi" altura, si no está a "la" altura, si sí está a la altura y siento competencia o no siento competencia.

Excluimos si tiene una religión diferente o no tiene, si tiene una preferencia sexual distinta, si es hombre o es mujer, si tiene conductas fuera del marco que considero correcto o adecuado, si su color de piel es blanca, negra, amarilla o morena; si es joven, viejo o niño, si es guapo o feo, si es prieto o güero; si es judío, alemán, español, americano, mexicano, ruso o de cualquier nacionalidad; si tiene tatuajes o no los tiene, si es darketo, emo, hippie, reguetonero o "normal", si es tonto, inteligente, superdotado o limitado.

Excluimos si es borracho, abstemio o bebedor social, si fuma o no fuma, si consume o no consume drogas, si oye música clásica, kumbia, salsa, rock o baladas; si le gusta el rojo, el azul, el verde o el amarillo; si tiene el mismo perfil de pensamiento, liderazgo, aprendizaje o no, si es del mismo tipo en el eneagrama o no.

Excluimos si cree en el aborto o si no; si practica el feminismo, el machismo o ninguno, si es liberal o conservador; si es de derecha, izquierda o centro; si es americanista, chiva o puma; si le va al Barza o al Real Madrid, si prefiere el americano al soccer o viceversa, si practica deporte o no, si es vegetariano o carnívoro.

Excluimos si es rico o pobre, si es culto o ignorante, si baila o no baila, si se divierte o es aburrido, si comparte mi fe o la cuestiona, si cocina o no cocina, si pelea o no pelea, si muestra sus emociones o las oculta, si dice lo que piensa o se lo calla, si educa como yo o diferente, si practica la fidelidad o la infidelidad.

Excluimos si es o si no es... si no o si sí.

Excluimos... excluimos... excluimos... excluimos...

Nos damos tantas y tantas razones para excluir que prácticamente excluimos la mayor parte del tiempo de nuestras vidas por casi cualquier razón, excusa o pretexto que nos demos.

Excluimos incluso nuestra propia exclusión, es decir, afirmamos "nooooo, yo no excluyo a nadie y a nada", cuando en la realidad excluyo a muchos y por mucho.

¿Por qué hablo de la exclusión? Porque hace tiempo que me asusta la violencia que miro en el mundo, y creo que no hay mayor violencia que la exclusión; y creo que no hay mayor generador de violencia que la exclusión.

Y cuando hablo del mundo, no me refiero a lo que sucede alrededor del globo terráqueo, ni siquiera me refiero a mi país, o quizás a mi ciudad, tampoco hablo de mi comunidad, hablo de mi mundo cercano, de mi misma, de los que me rodean, a los que rodeo.

Creo que la exclusión que vivo en mi, que la exclusión que practico, que la exclusión que padezco con los cercanos y de los cercanos, es la semilla de la violencia que se multiplica y se hace más grande hasta llegar al mundo entero.

Creo que la exclusión que vives en ti, que la exclusión que practicas, que la exclusión que padeces con los cercanos y de los cercanos, es la semilla de la violencia que se multiplica y se hace más grande hasta llegar al mundo entero.

Se dice que uno de los principios para que un sistema funcione es que necesita estar completo, es decir, necesita mirar, reconocer, validar, respetar, honrar el lugar de todos y cada uno de los elementos que forman a dicho sistema por el simple hecho de que ya pertenecen, lo quiera o no, lo reconozca o no, me guste o no.

Cuando excluimos hacemos el proceso opuesto, desconocemos el derecho del otro a existir, por diferente que sea a mi; invalidamos su lugar aún cuando es suyo y lo tiene, ignoramos su existencia y su pertenencia al sistema tal cual es.

¿Es posible hacer algo diferente? Sí… incluir… quizás comenzar a hacerlo…o cuando menos reconocer la necesidad de hacerlo… o de perdida “darme cuenta” de cuan poco lo hago.

La inclusión es el proceso de mirar a todos los elementos del sistema, de reconocer su pertenencia, de validar su lugar, de respetar su derecho a ser diferente, de honrar su contribución desde su diversidad.

Se dice rápido, se escribe pronto, se practica con dificultad.

Hoy escribo esto en honor a los que se aman y no se pueden encontrar por exclusión. En honor a los que viven la exclusión. En honor a los que practican la exclusión. En honor a ti y a mí.